Habitar la luna

Esto de A. Pizarnik:
«Simplemente no soy de este mundo. Yo habito con frenesí la luna. No tengo miedo de morir, tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva.»

Hay días en que, como Pizarnik, no somos de este mundo.


García Márquez hizo que en Macondo lloviese cuatro años, once meses y dos días seguidos.


En julio del año 2001 una extraña lluvia roja cubrió el suelo y la piel de los habitantes de la ciudad india Kerala. Llovía sangre, dijeron algunos. Otros aseguraban que eran las cenizas de un volcán cercano, otros pocos hablaban de una señal extraterrestre.
Resultaron ser algas.


Y luego está ese poema de Carver…

«Me desperté esta mañana con
unas ganas tremendas de quedarme todo el día en la cama leyendo. Luché contra ello durante un rato.

Me asomé entonces a la ventana y estaba lloviendo.
Y me rendí. Me dediqué por entero
al cuidado de esta mañana lluviosa.»


Y eso haré, dedicar la tarde al cuidado de la lluvia, observar este mundo al que a menudo no pertenezco y, como Pizarnik, habitar con frenesí la luna.

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