De escaleras, burros y películas en blanco y negro

Hablemos de escaleras:

Una de mis películas favoritas es «Eva al desnudo» (soy consciente de mi falta de originalidad, pero es que es rotundamente maravillosa). Me hubiese gustado crear ese personaje. De hecho, creo que es lo que intento hacer cada vez que creo uno, tratar de aproximarme a ese tipo de ser humano tan luminoso y oscuro al mismo tiempo.

«Curiosa esta vida nuestra. Las cosas que se dejan caer al subir la escalera para ir más deprisa, olvidando que se necesitan cuando estás arriba.»


Hace varios cientos de años fui a ver «Sherk» al cine. La mejor escena es cuando el burro se enfrenta a las escaleras del castillo, y habla con ellas como si las escaleras fuesen a iniciar una conversación en cualquier momento (cosa que tampoco sería tan extraña en una película donde hablan las galletas de jengibre).
Reí la broma del burro tarde, a destiempo. Mi risa quedó descolgada en la sala y varias personas se removieron en sus butacas para localizar a la oveja negra.
Cada vez que recuerdo la escena y las palabras que el burro le dirige a la escalera:»al final no vas a saber si subes o bajas», todavía sonrío. En silencio, eso sí, no vaya a ser.


Las escaleras más largas del mundo se componen de 11.674 escalones, que discurren anexos a las vías del funicular de Niesen, en los Alpes berneses. Es un dato que, sin duda, impresiona.
Mi madre cargó durante varios años con dos niñas, la compra y cachivaches varios las cinco plantas sin ascensor que separaban nuestro piso del suelo (varias veces al día). A mi modo de ver, eso sí es impresionante.


Las escaleras de la imagen están en Piera, cuando las vi pensé que a veces la vida es un poco así, que el primer escalón está roto pero, una vez superado, los siguientes resultan más sencillos.

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