De lobos, poetas y sombras

Apenas me quedan treinta páginas para terminar «Poeta chileno», de Alejandro Zambra, y sé que no podré dormir hasta que termine el libro. Seguramente luego tampoco pueda dormir, es lo que tiene la suerte de toparte con una buena lectura, te acelera el pulso, te descoloca la mente, te despierta y te agita con fuerza.
Es tarde, demasiado tarde para seguir despiertos, pienso. Mi hijo tampoco quiere dormir todavía, también está leyendo y también quiere acabar su libro. Va de un lobo que se cansa de ser malo y quiere ser bueno, pero no termina de comprender qué es ser malo y qué es ser bueno. Y entretanto lo descubre, actúa según su propio criterio de bondad. Todos somos un poco ese lobo, pienso. Todos andamos queriendo hacer el bien, aunque no siempre adivinemos en qué consiste exactamente ese bien.


En el libro de Zambra leo estos versos de Gabriela Mistral:

«Porque algunas cosas son
a la vez buenas y malas,
tal como ocurre con hojas
de un lado aterciopeladas
y con el otro te dejan
con la palma ensangrentada.»


Como si acabase de aparecer de pronto, veo la sombra del libro en la pared. Es la misma sombra de cada noche, varía cada pocos días el libro, pero la sombra es siempre la misma. Pienso en que es una bonita imagen, que podría fotografiarla. Dejo el libro y voy a la cocina, cojo el móvil. Me tumbo de nuevo, levanto el libro y hago la foto.
Así no vale, me digo. La foto es buena, es la misma imagen de hace apenas unos segundos, pero es mala también, ahora es impostada, no es la verdad.
Y busco en el libro de nuevo los versos de Mistral, los leo varias veces. Quiero memorizarlos. Poder recitárselos de memoria a mi hijo cuando me hable de su lobo y del bien y del mal y de esas cosas que son, a la vez, buenas y malas.

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