LA ENFERMEDAD DE ESCRIBIR

Todavía no tengo claro si me gusta la obra de Bukowski. En cambio, me fascina en el ámbito metaliterario. Leer lo que dijo sobre la escritura, sobre la literatura, sobre la vida, es como abrir una ventana que no sabías que estaba ahí.

Acabo de leer «La enfermedad de escribir» (Anagrama) un libro que recoge las cartas que el autor envió a editores, escritores y amigos.  Bukowski se declara un enfermo de la escritura, un enfermo borracho de literatura y de vida.

«Más de una vez he dicho que escribir es una enfermedad. Me alegro de haberme contagiado. Cada vez que entro en este estudio y miro la máquina de escribir siento que algo en alguna parte, unos dioses extraños o algo innombrable, me ha conferido un don maravilloso que perdura y perdura.»

Bukowski era muchas cosas que hoy, a menudo, faltan. Bukowski era sincero, no quería gustar, no quería aplausos, y no le concedía importancia alguna al mundillo intelecto-editorial de primera fila.

«Casi todos comienzan igual. Me refiero a los Poetas. Empiezan bastante bien. Están aislados y se abalanzan sobre las palabras porque están ofuscados, son inocentes. Al principio tienen algo. Luego empiezan a darse a conocer. Dan recital tras recital, conocen a otros por el estilo. Hablan y hablan. Se sienten inteligentes. Opinan sobre el gobierno, el alma, la homosexualidad, la jardinería ecológica, etcétera… Saben de todo menos de fontanería y deberían aprender porque llenan las tuberías de mierda. Verlos evolucionar es de lo más desalentador.»

Leer a Bukowski abre un poco los ojos y quema el estómago. Y aunque algunas veces dijo auténticas barbaridades, otras habló de lo que otros jamás se atrevieron.

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