POETA POR AMOR

Está ese poema maravilloso de Joan Margarit, “Amar es dónde” que dice:

«Amar es un lugar.

Perdura en lo más hondo: es de dónde venimos.

Y también el lugar donde queda la vida.»

Decía Joan Margarit que él se hizo poeta por amor. Y yo creo que es sin duda el mejor de los motivos para llevar a cabo algo, cualquier cosa, por mundana que sea, si se hace por amor, merece la pena.

Por amor uno vierte en el café de alguien un azucarillo y cuarto (por difícil que resulte calcular exactamente ese cuarto), por amor uno renuncia al mejor filete y a dormir hasta tarde, por amor uno aprende en qué consiste el Cálculo de Estructuras.

Margarit era arquitecto e impartía clases de Cálculo de Estructuras, una materia compleja como pocas. Consiste nada menos que en encontrar, mediante cálculos matemáticos, el equilibrio exacto para que algo (un puente, un edificio, una cubierta…)  no se derrumbe (desde luego, no soy docta en la materia, pero comparto mi vida con un arquitecto, y ya saben, “uno por amor…”).

Al final, el poeta encontró ese equilibrio (que tan bien sabía calcular en arquitectura) en las palabras, en la poesía. Y, casi por accidente, se hizo poeta, poeta por amor.

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