PLATÓN Y EL QUINTO METATARSIANO

Platón: «Podemos perdonar fácilmente a un niño que tiene miedo de la oscuridad; la verdadera tragedia de la vida es cuando los hombres tienen miedo de la luz.»

Con trece años me rompí el quinto metatarsiano del pie izquierdo. Fue en el instituto, en un examen de educación física, tenía que lanzar cinco veces a canasta (si acertaba al menos una, aprobaba). En el segundo tiro me torcí el pie y este comenzó a hincharse hasta el punto de que necesitamos varias personas para liberarlo de la zapatilla.

El profesor de guardia me llevó en taxi al hospital. Yo apenas lo conocía. Lo había visto deambular por los pasillos, aferrado a su maletín de cuero. Daba clases en COU y yo (que pertenecía a la primera hornada de bollitos ESO) todavía no había tenido contacto alguno con la materia que él impartía: esa maravilla llamada filosofía.

Aquel trayecto en taxi fue (a pesar de mi espeluznante pie-sandia) todo un descubrimiento. El profesor me habló por primera vez de un maestro de Atenas, un tal Platón, y de los miedos y tragedias humanas.

Antes de bajar del taxi abrió el maletín y sacó un libro. Me dijo que si volvía a errar el paso aquel libro me ayudaría, porque la filosofía siempre ayudaba. También me dijo que se lo devolviera cuando lo hubiese leído. Cuando mi madre llegó al hospital el profesor se marchó.

Años después viajé a Atenas, el pie volvía a ser un pie normal y corriente, un pie útil, el título del libro ya no lo recordaba, y supongo que había errado no pocas veces ante la tragedia humana, pero resultó ser cierto: Platón seguía ahí, entre esas columnas del Partenón, recordándome que la filosofía estará siempre.

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