ENTRE EL EDÉN Y EL INFIERNO

La magia de la escritura radica en que uno puede crear su propio edén, y su propio infierno también. El que escribe desaparece, si acaso va dejando algún rastro propio entre los personajes. Y desaparecer, a veces, resulta un verdadero privilegio.

Durante el tiempo de escritura de “Estos peces sin ojos” (E.Camelot, 2020) en ningún momento pensé que alguien leería aquellas historias, no pensé que, algún día, alguien ajeno a mí transitaría por aquellos mismos infiernos y aquellos paraísos, que los haría propios. No fui consciente de que, con su lectura, los alejaría de mí.

La protagonista de este relato, titulado “El Edén”, espera en un bar a que llegue alguien. Y ahí, frente a una copa de vino aguado, se debate entre el paraíso y el infierno sin tener claro en cuál de los dos quedarse. Porque a veces ocurre: ambos lugares pueden llegar a parecerse tanto que podríamos, incluso, confundirlos.

Yo disfruté escribiendo este libro (durante el rato en el que mis hijos dormían plácidamente su siesta diaria), y después tuve la gran suerte de que estas trece historias terminaron por convertirse en un libro.

Y hoy, en mi primer Sant Jordi como autora, mi primer Día del libro, estos relatos están en los estantes de las librerías, entre las manos de algunos lectores. Aquellos paraísos e infiernos que me acompañaron algún tiempo terminaron por escurrirse entre mis dedos y comenzaron su propio camino.

Y yo no puedo más que dar las gracias a todos los que lo habéis hecho posible.