UN PANDA

El otro día me crucé con el pequeño (y olvidado por algún divertido y minúsculo ser humano) panda de la imagen y recordé una leyenda que había escuchado en la radio hacía tiempo, una fábula que narraba el origen de estos fascinantes animales.

Al inicio de la civilización china, los pandas eran completamente blancos y sus crías eran custodiadas por pequeñas pastorcillas en recónditos lugares montañosos. Una de aquellas niñas tuvo que luchar con un tigre para proteger a un pequeño panda de ser devorado. La niña murió utilizando su cuerpo como escudo.

Entonces, los pandas, sumidos en una inmensa tristeza, pintaron con cenizas varias partes de su cuerpo. Aquellas manchas, aquel duelo, se postergaría de generación en generación hasta el día de hoy.

Y a mí me resulta  fabuloso cómo, desde siempre, el ser humano ha necesitado historias para explicarse el mundo, y la vida.