Cosas que me pasan

Twitter, una piscina y Kafka

(Cosas que me ocurren IV).
1. De pronto intento dejar de ser un poco yo (la Yo de siempre) y decido abrir una cuenta en Twitter. Me esfuerzo sobremanera por comprender ese nuevo lenguaje, esa nueva forma de interacción con otro ser humano, una nueva manera de comunicarme (nueva para mí, claro, prehistórica para el resto).

Y, como si de una broma del (sabio) destino se tratase —y sin saber todavía cómo ocurrió—, desactivo la susodicha cuenta y mi alter ego virtual desaparece. Se esfuma.

Espero unos segundos, unas horas, unos días. Y no ocurre nada.

NADA.

Entonces pienso y me río. Y me alegra saber que la vida gasta bromas.  Y que, a veces, nos pone a cada uno en el lugar que nos corresponde.

2. El otro día leí una frase de los diarios de Kafka y, durante un onírico instante, creí que yo era Kafka y que yo había escrito esa frase que acababa de leer:
«Hay momentos en los que estoy convencido de que no soy apto para ninguna relación humana». 

3. Cuando hace unos años me reunía con amigos alrededor de una piscina, solíamos terminar a las tres de la madrugada acomodados entre flotadores de dudoso nivel estético y debatiendo sobre la mejor forma de preparar un mojito o de elegir un buen libro (el eterno debate portada/contraportada).

Ahora, apenas pasan las once de la noche, la piscina nos parece un pantano frío y oscuro en el que sólo los niños (que vienen siendo los verdaderos  valientes) se atreven a disfrutar, mientras debatimos en voz baja (no se nos vaya a despertar el último bebé que ha llegado a la tribu) sobre qué analgésico trata mejor el dolor de cervicales o si merece la pena terminar un libro que no merece la pena terminar. Tempus fugit.