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UN DÍA EXTRAÑO

Es un Sant Jordi raro, insólito y algo triste.
Un día extraño en el que no sabemos si contener cierto sentimiento de luto en la boca del estómago o respirar al imaginar los días menos extraños que algún día volverán (esperemos).
Durante estos días, muchas personas (eficientes y fabulosas todas ellas) han practicado yoga, han hecho un curso intensivo de alemán y han reorganizado los armarios. Yo he dedicado parte de mi tiempo a contemplar el vacío (creedme, a veces es necesario).

En ese vacío (obviamente) no he encontrado nada, pero al despertar he sido, quizá, un poco más consciente de lo que soy, de quién soy. Y esto, amigos, es lo que puedo contaros hoy:

Estudié derecho porque tenía principios (aunque por aquel entonces no sabía todavía cuales eran). No sé qué es la masa madre, aunque tampoco me importa mucho, y no he viajado nunca a EEUU (esto sí me importa y espero poner remedio). No tengo twiter (ni facebook, ni Instagram…), he leído el Quijote dos veces y una vez actué con Emilio Aragón en una gala navideña.
Estuve a punto de mudarme a Formentera y no empecé a escribir (a escribir de verdad, quiero decir) hasta pasados los treinta. Cuando terminé la carrera huí a Dublín una temporada. Hace un año, Enrique Vila-Matas leyó uno de mis relatos (y además me aseguró que le había gustado). 

He escrito un libro.

Lo he titulado Estos peces sin ojos (en honor a un poema de Raymond Carver que contiene casi todas las respuestas del mundo).

La editorial Ediciones Camelot lo publicará a finales de primavera.

P.d. Lo dicho, un día extraño.

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