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Buenos días, por favor y gracias.

Dicen que en pocas semanas los legendarios lápices de Ikea, esos trocitos de poco más de cinco centímetros de madera y carbón, desaparecerán de las tiendas. Y siento ya cierta nostalgia futura, pues sé que con el tiempo dejaré de encontrármelos por sorpresa en el fondo desordenado de alguno de mis bolsos.
Dicen que los premios Nobel concedidos este año a los escritores Peter Handke y Olga Tokarczuk son los más sensatos de los últimos tiempos; yo no creo que se haga justicia literaria hasta que el premio recaiga en Vila-Matas.
Dicen que gracias a las nuevas tecnologías hemos vencido barreras en la comunicación social, pero yo creo que, en realidad, son esas nuevas tecnologías las culpables de la fehaciente pérdida de intimidad y libertades individuales. Y es que, que alguien pretenda asomar a diario en tu vida (incluso varias veces en un mismo día) amparado en la luminosidad de la pantallita del teléfono móvil me parece un auténtico ataque al libre albedrio.
Dicen que madres y padres hiper motivados asisten a cursos y conferencias para que sus vástagos se asemejen a la activista Greta Thunberg; yo me conformo con que mis queridos retoños no olviden las tres reglas de oro de toda buena educación: Buenos días, por favor y gracias.
Lo dicho, amigos, guarden sus pequeños lápices de Ikea cual reliquia en peligro de extinción, por favor. Concedan la libertad al prójimo y no asedien sus vidas con constantes mensajes. Y lean a Enrique Vila-Matas, gracias.