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HOY, FRIDA.

Hoy. Hoy que ya no es san Valentín y que ya nadie compite por si la felicidad se encuentra en soledad o en compañía. Hoy. Hoy que las parejas modernas se niegan a celebrar el amor, pero más todavía se niegan a celebrarlo las no modernas. Hoy. Hoy que los desparejados celebran más el libre desamor que el amor. Hoy. Hoy se expone en Moscú parte de la obra de Frida Kahlo y Diego Rivera, en la emblemática sala de exposiciones Manezh. Y se exponen juntos, hoy, como si cuando todavía ayer.

Le di tan mala vida a Frida que lo mejor sería no haber nacido, dijo Diego.

He tenido dos grandes accidentes en mi vida: en un autobús y Diego; Diego es, por mucho, el peor. Dijo Frida.

Hoy, que a fin de cuentas amor y desamor vienen siendo la misma cosa o, al menos, dos cosas que terminan por mezclarse torpemente, hasta desdibujar los límites de la una y la otra.

Hoy termino de leer el diario de Frida, de ver la curvatura de su letra, los esbozos de sus tristezas, de sus alegrías. Y me pregunto si es lícito. Si es, al menos, moral que hoy yo lea esas páginas, tan suyas, tan de su ayer. Que observe con qué trazo escribió el nombre de Diego. Que observe esos dibujos, esos borrones y esas palabras que Frida un día escribió, sin más fin que descargar el amor, o el desamor, sobre aquel papel.

Hoy, que ya no es san Valentín y podemos salir a la calle agarrados de la mano, y regalar flores, o libros, sin sentir el miedo de  lo absurdo y lo fugaz del acto. Hoy, que recuerdo aquella frase de Frida en la que se preguntaba qué haría ella sin lo absurdo y lo fugaz. Hoy, que es lo absurdo y lo fugaz lo que les escribo. Hoy, que ya no es san Valentín.

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