MICROPOST

DE LIBROS RUIDOSOS Y TRIPAS RETORCIDAS

Dijo Doris Lessing que una biblioteca es la más democrática de las instituciones porque nadie puede decirte qué leer, cuándo y cómo.

Hace unos meses, en el post escribo por derecho, ya hablé sobre la importancia de ser libres a la hora de escoger las lecturas que nos acompañan y, por ende, nos marcan. 

Ciertamente, en una biblioteca uno puede construir- a base de encontronazos literarios más o menos acertados- una especie de trayectoria cultural y literaria a la carta.

Yo comencé a frecuentar la biblioteca el último año de bachiller, cuando necesité, por primera vez, silencio para preparar las pruebas de acceso a la universidad y me vi obligada a memorizar una cantidad ingente de corrientes filosóficas, pintores, reyes, fonemas, fechas históricas supuestamente imprescindibles, phrasal verbs

Después, me refugié en la biblioteca de la facultad durante toda la carrera, en busca de silencio y algo de compasión hermanada por parte de mis compañeros. Cuatro años en aquella biblioteca junto a tantos otros en mi situación: con la nuca doblada sobre el libro y resoplando al aire de tanto en cuando, flanqueados por los estantes infinitos de libros que no leeríamos nunca.

Por aquel entonces buscaba silencio, ahora, en cambio acudo a la biblioteca en busca de libros que provoquen el mayor ruido posible en mi mente; lecturas que me retuerzan la tripa y me golpeen la sien.

No logro leer más allá del primer capítulo en muchos de esos libros, y los devuelvo a su estante sin pena ni gloria; otros, los leo a salto de mata y en pocas semanas olvido su título; y luego, hay  unos pocos que gritan justo lo que necesito oír, y que pasan a formar parte de mi patrimonio literario.

Hoy es su día, hoy celebramos el Día de las Bibliotecas. Que les sirva de excusa, amig@s, para acercarse a una y encontrar allí el silencio o ruido justo que necesiten.

Feliz Día de las Bibliotecas.

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