Relato

DE BALCONES Y FALSOS RECUERDOS

La niña no se percató de los gritos hasta que notó la mano húmeda de su abuela sobre sus ojos. La niña, que por aquel entonces no debía tener más de diez años, consiguió deshacerse de aquellos dedos y miró el rostro de su abuela que, desposeído de toda expresión, miraba hacia lo alto. La nieta observó los ojos de su abuela y miró, ella también, en la misma dirección. Un edificio cualquiera. El balcón de un séptimo piso. Alaridos iracundos de un hombre. Y cuellos desnucados observando la escena.

La abuela no se percató de que sus dedos protectores ya no tapaban la mirada de su nieta, que apartaba los rizos de su rostro para no perder detalle alguno de aquello extraño que ocurría. Entonces, el hombre voló. Los gritos cesaron. Los cuellos regresaron a su estado natural y la abuela cogió fuerte a la niña por el brazo y la arrastró a toda prisa durante varias calles.

La niña, que soy yo, no recuerda hoy más que aquella imagen, los dedos de su abuela y, acto seguido, a un hombre deslizarse en el aire, dejando a su espalda un balcón que sin él se le presenta demasiado vacío. Le he preguntado a mi abuela en varias ocasiones por aquel episodio, pero no recuerda nada. Nunca ha recordado nada de aquel día, de aquel hombre. Y yo ya no sé si aquella escena, que vive dentro de mí anclada en lo más profundo, es un falso recuerdo o si verdaderamente ocurrió, y mi abuela todavía pretende protegerme, aunque ya no sepa de qué.

He pensado mucho en aquel hombre. Con su camisa blanca. En su voz animal y en su cuerpo cayendo frente al edificio. Puedo ver la imagen. Describirla. Sentir la humedad de los dedos de mi abuela sobre mis párpados. Pensar en lo que le había ocurrido o en lo que le dejó de ocurrir aquel día a aquel hombre.

Dicen que la memoria humana se adapta para ajustarse al mundo y que, de ese modo, es capaz de crear falsos recuerdos o moldear los existentes. Lo que no puedo dilucidar ahora, más de veinte años después, es si la mente que moldeó aquel recuerdo fue la mía o, por el contrario, fue la de mi abuela.

7 comentarios en “DE BALCONES Y FALSOS RECUERDOS”

  1. Precioso relato. Me ga gustafo mucho la protección de la abuela a su nieta. Es cierto que hay situaciones que después de mucho tiempo, dudas de si son reales ó si lo soñaste en algún momento. Algunos recuerdos de casos complicadas como ésta, las personas que nos quieren, hace ver que no las recuerdan para evitarnos dolor.

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