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LA CAJA DE PANDORA Y EL GOLDEN GATE

Podría haber ocurrido ayer, o quizá mañana. Podría haber ocurrido en cualquier otro lugar, sin embargo, ocurrió hace diez años sobre el puente Golden Gate.

Dos hombres desconocidos llevaban más de una hora charlando de cualquier cosa. Jason miraba la profundidad del vacío que se hallaba ante ellos, Kevin, en cambio, observaba los gestos de Jason con atención.

—Es la tercera vez que estoy aquí, ¿Sabe? La tercera. Pero todavía no ha ocurrido— dijo Jason.

—Podrías regresar mañana. No tienes porqué hacerlo hoy, amigo.

—¿Conoce la historia de la caja de Pandora? —preguntó Jason inclinando los hombros levemente hacía el vacío, como si quisiera medir la distancia que había desde su cuerpo al agua.

Kevin negó con la cabeza.

—Zeus creó a Pandora y la envió a la Tierra con una caja ovalada con la única advertencia de que nunca, nunca, la abriese. Pero la curiosidad de Pandora pudo más que su voluntad y ella abrió la caja. De ella salieron plagas, penas y toda clase de males contra el hombre. Ya ve…—suspiró Jason— La única cosa buena de aquella maldita caja era la esperanza, ¿No cree?

Una ambulancia pasó tras ellos. Kevin la siguió con la mirada hasta que desapareció dirección al sud. Jason no se giró.

—¿Qué pasa si abres la caja y no hay esperanza? — preguntó Jason.

Kevin volvió a negar con la cabeza, presentía que la situación se le escapaba, que no podía contenerla por mucho tiempo más.

Jason, entonces, se inclinó a la derecha y saltó. Jason, después de tres intentos, se había quitado la vida saltando desde el Golden Gate.

Kevin es Kevin Briggs y trabajó durante veintitrés años como guardián del Golden Gate. Su labor fue evitar cientos de suicidios, por desgracia, con Jason no lo consiguió. Y por ello es uno de los que más menciona en las conferencias que actualmente realiza por todo el mundo.

Desde su inauguración, el 27 de mayo de 1937, se han suicidado allí más de mil seiscientas personas. Mil seiscientas personas que abrieron la caja de pandora y no encontraron anhelo suficiente al lado de la barandilla donde seguía la vida.

Y es que, ocurrió ayer y ocurrirá mañana. Personas que se acerquen al Golden Gate, o a cualquier otro lugar, con la esperanza de encontrar en la muerte la única manera de poner fin a los males de su caja de pandora particular.

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